Esta vez sólo tenía dos días, tiempo record, para enseñarle a mi hermana lo básico (lo turístico) y alguna sorpresa de Berlín,… y es que esta ciudad siempre te acaba sorprendiendo. En este viaje, no sólo hice de guía de mi hermana, sino que pude ver, recordar y asimilar por mi mismo la ciudad y hechos que ya había vivido y que volvían a mí para poder hacer participe a mi hermana. De esto me di cuenta nada más llegar… el mismo albergue que la primera vez que pise la ciudad…el recorrido ya familiar del primer día… los mismos lugares…pero para nada fue aburrido, las ganas de saber de mi hermana lo hacia imposible y yo tampoco lo sentía así. El primer día después de patearnos desde sto judío…y demás detalles, nos plantamos a ver la estación principal de trenes (impresionante, me encanta) y desde allí a la zona del Zoologischer Garten, zona que nos pateamos bien y en la que descubrí, metiéndome por calles al azar, una nueva visión de Berlín, y es que en cada esquina, en cada rincón puedes encontrar un lugar nuevo dentro de la ciudad. Esa misma noche, pese al cansancio nos animamos a ir para
(engañados por la falsa sensación de cercanía que da la enorme torre de la televisión alemana) conocí otra nueva zona de Berlín, algo tétrica por la hora y que no hubiera nadie en la calle… pero nueva. Después de esa caminata ya nos quedaban pocas fuerzas para nada más, así que ya tocaba descansar.
Nuestro segundo día fue tan frenético como el primero, empezamos bien temprano, en la boca de metro de HallescherTor…caminando dirección norte… hacia el Chekpoint Charlie, pero al poco del camino, mi hermana y su curiosidad me desviaron a enseñarle el museo judío de Libeskind (Arq.) al que no entramos por miedo a que nos faltara tiempo a ver todo lo que aún nos quedaba (yo, que ya había estado le conté…pero no es lo mismo, a la próxima Sandra), después ya sí retomamos camino hacia el Chekpoint y de ahí para la zona monumental de Berlín,
os comiendo allí mismo, y es que me gusto mucho, era un cambio de ambiente tremendo conseguido entre unas paredes de madera…al estilo alemán, como un lugar fuera de época, no se,…la cuestión es que no paraban de entrar obreros a comer… y eso me acabo de convencer.. porque ya se sabe… que donde comen los obreros… se come bien y barato…jajaja. Por la tarde seguimos la marcha, por
ecidimos a entrar, y torpe de mí… lo hice con la palestina puesta…hasta que un hombre me pidió (amablemente) que la guardara en la mochila…en fin… que mal trago, jeje. Por cierto, bajo mi punto de vista… no vale la pena pagar para entrar, es casi más bonita por fuera, aunque la historia del edificio es interesante. Después de esto, nos dirigimos a la casa Okupa, que la verdad… sería okupa en sus tiempos, porque lo que más vi fueron turistas… en fin.. lo que sí me gusto de la casa… cada planta es una galería de arte…y es impresionante, me encanto y me dio lastima no poder permitirme comprar nada, de los que allí crean y exponen el más conocido es André Rodin, me dejo con la boca abierta, mu
y psicodélico la verdad, e impresionante. En fin, con esas el día se acababa y decidimos volver a la zona del ZoologischerGarten, que nos había gustado la noche anterior, así que repetimos la jugada pero por otras calles, y todo perfecto.
Berlín es una ciudad viva en cada uno de sus rincones, es como una mujer que hace que siempre estés atento, pues no te deja de impresionar y cada momento se antoja irrepetible,… estoy enamorado.
Y esto en dos días y sin dedicarme a ver arquitectura específicamente…… ¡¡¡¡que será de mí!!!
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