Me es imposible hablar del Berlín que he conocido en este viaje sin compararlo con el que conocí hace dos años, sí, es cierto que las comparaciones son odiosas pero también necesarias.Aquel Berlín que conocí en cierto modo me dejo helado con su frialdad, aunque no se le puede culpar completamente ya que la época no acompañaba, era invierno y en esos días se llegaron a padecer los ocho grados bajo cero, ¿os podéis imaginar a un tipo abrigado hasta las orejas arrastrando maletas en un paisaje completamente nevado? pues ese era yo. Aunque después de todo, y con el tiempo transcurrido se puede decir que a Berlín también le queda bien el invierno.
Por supuesto no os contaría esto sino fuese porque esta vez todo fue distinto, en mi primer contacto con la ciudad ya se respiraba algo especial en el aire, poco después supe que se trataba de la hoja caduca, del olor a tierra siempre húmeda, se trataba de un nuevo Berlín para
mi, el de la temperatura agradable y la gente en la
calle, una ciudad viva.
Llegamos al albergue cansados, pero también con ese nerviosismo que se tiene cuando sabes que estas en el punto de inicio de algo que antes jamás has vivido y que meses antes apenas sospechabas que ibas a hacer. En cuanto nos hicimos con la habitación y dejamos nuestras cosas salimos a ver los alrededores del albergue, era una zona que no conocía de mi anterior viaje y eso aumentaba la sensación de estar ante una ciudad desconocida, a la vez que mitigaba el cansancio. No recuerdo la hora que era pero estaba anocheciendo, nos pusimos a andar sin rumbo fijo, conociendo el entorno, absorbiendo la ciudad. La que con mas entusiasmo hacia esto era Ana, la amiga y compañera erasmus de Elena, puro entusiasmo estos primeros días. Estuvimos cerca de una hora andando de es
te modo hasta que llegamos a un gran jardín, un mini bosque mas bien, lo pasamos bien. Primero un camino empinado, luego un riachuelo, y en lo mas alto unas buenas vistas a pie de un monumento, compartiendo las vistas con otra gente que disfrutaba como nosotros de la ciudad. Unas vistas impresionantes, Berlín llenaba el horizonte en todas las direcciones, pero lo realmente divertido llego luego cuando en la bajada encontramos un parque infantil alemán, y digo lo de alemán porque creo que no existen como estos en otro lugar, pura diversión: tirolina, olla giratoria, animales tallados en madera,... y las ganas de pasarlo bien por nuestra parte!!!
Los siguientes dos días estuvieron muy bien, hicimos un turismo bastante típico, anduvimos viendo la ciudad y los lugares más emblemáticos de ésta, sin olvidar el monumento al holocausto judío, al que le tenia muchas ganas ya que dos años antes estaba en ejecución y el proyecto me cautivo, el verlo acabado ha completado el proceso. No podía faltar una visita por el parlamento alemán y la siempre impresionante cúpula de Foster así como un grato paseo por el Tiegarden, un parque cuya extensión es prácticamente idéntica a lo que seria el centro
de Berlín, envidiable lugar. Por supuesto también nos recorrimos
También tuvimos la suerte de cara ya que pudimos disfrutar de la fiesta de la unificación alemana que se empezó a celebrar esos días, aunque el día oficial es el 3 de octubre, mucho ambiente y buena cerveza.
Pasaron estos días y nos teníamos que despedir de Berlín, atrás dejábamos la sensación de que el viaje había empezado muy bien y un par de buenas anécdotas, como la del hombre que se cayo de la litera del albergue o los saludos de Ana a los barcos de turistas que paseaban por el río e incluso un encuentro inesperado que veréis en las fotos, jeje. En fin, casi sin darnos cuenta ya nos dirigíamos a Polonia.
1 comentario:
Me alegra que ya te hayas decidido a empezar el blogg que nos prometiste, aunq aun faltan las fotos: IMPRESCINDIBLES. Por aquí se te echa mucho de menos sobre todo cuando alguno cuenta alguna de las miles de batallitas en las que en la mayoría sales tu también. Bueno, lo dicho bombón, que espero que nos sigas poniendo al dia de tus azañas. Muchos besos. Lydia
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