Después de unas cinco horas de viaje en tren desde Berlín amenizadas con un buen libro por fin pisamos suelo Polaco, la primera impresión no podría decirse que fue buena ya que nos equivocamos y salimos por una puerta lateral de la estación que daba a una autovía urbana (aun no sabia que eso es normal por estos lares), aún así la suerte nos sonrío de nuevo ya que justo delante de nosotros se paro un taxi que después de darnos un poco de vuelta de más nos llevo a la residencia de estudiantes donde nos alojaríamos. Aquí debo contar la anécdota de la llegada, jejeje, con toda nuestra buena voluntad estuvimos diciéndole al taxista algo así como “Tschesch” que venia a ser gracias y el hombre nos miraba con una mueca en la cara entre sorpresa y sonrisa, en fin que días después nos enteramos que quería decir “hola” y no “gracias” como nosotros pretendíamos, de ahí la cara del hombre.Bueno una vez en el Laberinto (nombre de la residencia) resulta que ni dios habla Ingles, Al
emán o cualquier otro idioma que no se sesee, con lo que mediante gestos consiguen decirnos que subamos a la oficina donde tampoco hablan nada que se entienda fácilmente, con lo que llaman a dos tíos que, al fin, hablaban ingles. Pues todo normal hasta que preguntaron quien era yo….. seré breve, no me podía quedar en la residencia con ellas ni en otro lugar durante los 15 días que iba a estar en Polonia!!!! Razones, je!, aun no las tengo del todo claras! En fin que me dejaron quedarme esa noche en una habitación que no llegue a pisar y con un polaco que no llegue a conocer, todo normal.
Los primeros días fueron algo caóticos por los papeleos y lo de asentarse en la residencia por parte de Ana y Elena pero estuvieron bien, no se puede decir que nos aburriéramos y la ciudad tenia su encanto, en esos días conocimos a “las granainas”, tres chicas erasmus de Granada que también vivían en el Laberinto (Ainhoa, Nuria y Cristina), como Johannes, Hendrik (Alemanes) y Brandinho (Portugués), todos formamos un buen grupo esas semanas.

Krakovia y debo decir que es impresionante, tiene de todo y bonito, sin duda cuando vuelva a Polonia será para seguir conociendo esta ciudad. Y digo esto porque ya teníamos que volver para Wroclaw porque mi tren salía el Domingo 15 a las 12.30 dirección Braunschweig, previo paso por Berlín.
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